martes, 17 de junio de 2014

Acción fecunda

Hagamos de cada uno de nuestros pasos la meta anhelada de un propósito; pero sigamos adelante. Para el hombre esforzado no hay jamás puntos finales, sino que cada uno de sus éxitos ha de ser un impulso hacia nuevas y más grandes empresas. Así pues, más que detenerte a celebrar triunfos, dedícate a multiplicar esfuerzos. Cuando hayas logrado ascender a muchas cumbres, podrás contemplar aún, más amplios horizontes. Quizá para entonces tu vida esté en crepúsculo; pero qué grata ha de ser la serenidad de la noche, si bajo su luz podemos contemplar la belleza inefable de las estrellas! El respeto que nos debemos a nosotros mismos tiene como base una buena conducta. En efecto, respetarse así mismo quiere decir no hacer nada que pueda causarnos vergüenza, que pueda atraer sobre nosotros la justa censura ajena. Entendido así el respeto que nos debemos a nosotros mismos, nuestra buena conducta nos dará, además, la satisfacción de sentirnos contentos, de sentirnos felices. El contento y la felicidad son dos aspectos de una misma cosa: la paz y el regocijo del alma. Aprendamos, pues, a respetarnos, para vivir contentos y felices, y en justa armonía con todos los seres. La preparación para la vida útil constituye una de las preocupaciones de la juventud estudiosa. Nada hay tan interesante para el pensamiento y para la acción de los jóvenes progresistas, que la idea de un porvenir lleno de misterios; pero también de halagadoras promesas. Precisa que quienes deseen superar sus actuales condiciones, mediten y obren. Es un signo de valer, particularmente en los jóvenes, apasionarse por un buen propósito y llevarlo a su cabal realización. Los ideales son la riqueza de todos los pueblos y de todos los hombres, porque mediante ellos el mundo prospera.

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