viernes, 13 de junio de 2014

Vida integral

En cada aurora surge una nueva ilusión; pero también con cada crepúsculo muere todos los días una esperanza. La vida es, al mismo tiempo, aurora y ocaso, mas entre la ilusión que surge en cada amanecer, y la esperanza que muere con el sol de cada tarde, es decir, entre la aurora que nos anuncia el día y el ocaso que termina con él, hay emociones, actitudes, fuerzas, que son, en una palabra, la existencia misma. La vida puede ser limitada o puede ser integral, y entendemos por vida limitada la de aquellos que están legos de darse cuenta de que poseen un conjunto de potencias, una serie de medios que los capacitan para lograr lo que todos nos proponemos, y pocos alcanzan: el éxito. A medida que una persona tiene conciencia de que la vida puede ofrecerle muchas oportunidades e triunfo; a medida que va poseyendo todos los recursos para afirmarla para enaltecerla, para hacerla grande y fecunda, se va acercando al éxito, y va asumiendo, a la vez, más graves e importantes responsabilidades ante la vida. El alma es en nosotros la fuerza vital, el fuego que nos mantiene, la luz que nos guía, la entidad que preside todos nuestros actos inteligentes. La vida integral, o sea la armonía de nuestras potencias físicas, mentales y anímicas, está regida por leyes, por circunstancias que no está en nuestra mano crear; pero que podemos mejorar constantemente. La vida integral no es, por tanto, el acaso, sino la disciplina y la coordinación de nuestras facultades, en su supremo anhelo de verdad y de bien.

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