miércoles, 18 de junio de 2014

Misión de Juventud

Estamos aquí para hablar de la misión de la juventud, no en términos de halago, sino de heroísmo. En efecto, la juventud necesita apasionarse por una gran causa y poner todo su empeño y todo su vigor en realizarla. El joven de nuestro tiempo necesita no sólo ser bueno, sino también sencillo y fuerte. La bondad significa altura de principios, nobleza de corazón y rectitud de conducta. La sencillez supone vida modesta, ayuna de vanidades; pero al servicio constante de una obra grande. La fortaleza exige convicción de principios y voluntad inquebrantable para sostenerlos. Sé tú bueno, sencillo y fuerte, para que tu vida sea, en verdad, alegre y fecunda. La alegría es un signo inequívoco de salud en la almas; la fecundidad en las ideas y en las obras, es muestra de los espíritus vigorosos. Para una obra heroica que anime tu alma, la vida ofrece oportunidades cada día. Esta es una hora difícil para quienes deseen preservar en el mundo la civilización y la paz. La civilización es el resumen de lo que fue mejor en todas las edades; es la esencia de cada época, prolongada en el tiempo, para seguirse acumulando; es el acervo del progreso material que la vida ofrece a cada nueva generación; es el ideario que resume lo mejor del pensamiento de todas las épocas, para transformarlo en conducta; es, en una palabra, la herencia que recibimos para transmitirla enriquecida. La paz es tranquilidad y alegría, alegría interior, fuerza de espíritu; es el ambiente de quietud y de armonía en que se proyecta y resuelve toda empresa grande. La civilización y la paz necesitan existir juntas, para realizar el progreso del mundo. Y corresponde a la juventud vencer las dificultades de esta hora, para preservar la civilización y la paz.

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