martes, 7 de enero de 2014

Grandeza

"Para ser grande, es preciso que el hombre logre hacerse dueño de sí mismo. Dentro de nosotros habitan nuestros más terribles enemigos; el que sabe combatirlos y vencerlos, hace más por la gloria, que si conquistara el Universo. No domina a sus semejantes sino el que ha dominado dentro de su propio espíritu las pasiones en una lucha en la cual se cree morir de angustia y de dolor... He aquí lo que puede la fuerza del alma; es capaz de acrecer el genio y  de vigorizar todas las otras virtudes; llega hasta a suplir las que nos faltan, porque el que no sea ni valeroso, ni justo, ni moderado por instinto, logrará serlo por la razón, apenas haya sujetado sus pasiones y vencido sus prejuicios. Las virtudes nos libran de la dominación de los vicios, dice Bacon; pero sólo la fuerza del alma nos protege contra la tiranía de la fortuna. En efecto, ¿cuáles son las virtudes que no necesitan de determinadas circunstancias para poder manifestarse en grandes obras? ¿De qué sirve la justicia con los tiranos, la prudencia con los insensatos, la temperancia en la miseria, la honradez en la opulencia? En cambio, todos los acontecimiento y todas las situaciones dan honra y prez al hombre fuerte. La felicidad y la adversidad sirven, igualmente, a su gloria... El hombre no es del tamaño de la fortuna, sino del tamaño de su virtud, El martirio de Cuauhtémoc pesa más en la historia y en la moral que las épicas hazañas de Cortés; y si Sócrates hubiera muerto en su lecho, quizá se creyera hoy que no había sido más que un hábil sofista".

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