lunes, 6 de enero de 2014
Personalidad
Piensa desde tu juventud que disfrutas de una libertad, de un albedrío, que pueden ser para tu bien o para tu desgracia, según sepas dirigirte; pero si quieres ser tú mismo, es preciso que desde aquí te forjes una personalidad que te distinga de los otros. Tu pensamiento, tu voluntad, tu iniciativa y hasta tus defectos, han de ser en ti propios, nacidos de tu mente, de tu educación y de tu temperamento, para ser un distintivo de tu carácter, que es en sí la misma personalidad. Pero es necesario que convengas en que la personalidad exige de tu fuerza espiritual capaz de inspirarte ideas y procedimientos originales, porque con lamente y la actividad ociosas o serviles no alcanzarás nunca mérito ni fama. Si quieres ser tú mismo, ama la meditación aunque sea por instantes, y a solas con tu espíritu adivina y realiza su secreto. El ruido es enemigo de la elevación; pero la soledad es armonía entre el mundo y el misterio. El contacto con el infinito te dará toda la fuerza que necesites para actuar; te convencerá de que tú, un punto en el espacio inmenso, eres sin embargo en lo pequeño una reproducción del universo entero. Siendo vida eres fuerza, y siendo fuerza eres idea. Llega, pues, a tu destino, por el camino de luz del pensamiento, y no olvides que lo mismo el talento que se forja en la quietud, y el carácter que se templa en la batalla, son índices inconfundibles de esa fuerza espiritual que despierta simpatías, remueve obstáculos y somete voluntades: la fuerza de la personalidad.
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