viernes, 8 de junio de 2012
Victoria para quienes perseveran
Iniciar una obra es cosa relativamente fácil: basta con avivar un poco la lumbre del entusiasmo. Perseverar en ella hasta el éxito, es cosa diferente; eso ya es algo que requiere continuado y persistente esfuerzo. Comenzar está al alcance de los demás; continuar distingue a los hombres de carácter. Por eso la médula de toda obra grande, desde el punto de vista de su realización práctica, es la perseverancia, virtud que consiste en llevar las cosas hasta el final. Es preciso, pues, ser perseverante; formarse un carácter no sólo intrépido, sino persistente, paciente, inquebrantable. Sólo eso es un carácter. El verdadero carácter no reconoce más que un límite: la victoria. Y sufre con valor, con serenidad, y sin desilusión, la más grande de las pruebas: la derrota. La lucha tonifica el espíritu; pero cuando falta carácter, la derrota lo deprime y desalienta. Hemos nacido para luchar. La más grande de las victorias corresponden siempre a quienes se preparan, a quienes luchan y a quienes perseveran.
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